Camogli la ciudad de los mil veleros blancos

Camogli la ciudad de los mil veleros blancos

Nuestra aventura y que ver en el pequeño pueblo pesquero de Genova, Camogli, también conocido como la ciudad de los mil veleros blancos

Escrito por Ana MB

Tras dejar atrás la Toscana, nos dirigimos hacia la zona de Liguria, con muchas ganas de ver Cinque Terre y Manarola.

Antes de llegar al camino de plena montaña que nos llevaba a Manarola, nos cambiamos de sitio y se puso Alex a conducir justamente en La Spezia, yo sabía que me iba a agobiar con tantas curvas y tanta montaña con sus correspondientes ascensos y descensos. Lo que no nos esperábamos ninguno de los dos era la gigantesca nube que iba moviéndose con una velocidad tremenda y que cubría toda la calle, que ya es difícil recorrerla con buen tiempo porque es muy estrecha.


Pasando por Riomaggiore, Manarola,  Vernanzza, Monterosso al Mare un poco desilusionados por no poder ver apenas nada, y no poder aparcar casi en ningún sitio finalmente decidimos seguir el camino hasta nuestro destino final del día, Camogli, ya que estábamos bastante cansados y habíamos perdido ya más tiempo del previsto.

Una vez llegados a Camogli, se nos fue yendo poquito a poco la pena de no haber podido ver Manarola,  la joya de las Cinque Terre. Camogli es una ciudad maravillosa con muchos rincones espectaculares por descubrir y con el mismo estilo único que abunda en toda la provincia de Liguria.

¿Que ver en Camogli y donde nos alojamos?

Aparcamos el coche, buscamos el alojamiento que hemos reservado en Airbnb, y cogemos la maleta para dejarla en la habitación. Las vistas de la Casa di Tom eran magnificas dejándonos sin respiración, al igual que las vistas al mar de nuestra habitación... yo me hubiera quedado horas tras horas en la ventana, pero no teníamos tiempo para esto, teníamos que conocer la ciudad y como mejor hacerlo que salir a la calle a patear con nuestra mochila viajera. Así que la dueña de la casa, una mujer encantadora nos dijo como llegar al puerto. Era salir de casa y bajar la calle a mano izquierda, pero nosotros le hicimos caso más o menos. Digo más o menos porque en vez de ir a la izquierda nosotros subimos un poquito a la derecha porque más arriba hay una calle paralela con la que ella nos dijo y las vistas son preciosas, así que nos pusimos a hacer fotos pensando que por esa calle también podríamos llegar a la calle que nos llevaría al puerto. Mientras nosotros ejercíamos nuestro "postureo" se nos acerca Cristina, la dueña de la casa y nos dice que por esa calle abajo, llegamos al pueblo vecino, Recco. Vaya por Dios! menos mal que llegó a tiempo.

Al acabar nuestra sesión de fotos, bajamos por donde nos indicó Cristina. La bajada era fácil, pero pensar en la subida me aterrorizaba.

Y por si la calle no era suficientemente empinada al girar a la izquierda al lado del nº 40 si no recuerdo mal en la Vía Romana, para bajar al puerto nos esperaban centenares de escalones por bajar, aleeee alegría para el cuerpo. Y más abajo más escaleras, este es el pueblo con más escaleras que he conocido en mi vida, hay escaleras para todos los gustos, más anchas, más estrechas, desde luego perdimos la cuenta después de llegar a 600, eso si, las vistas muy bonitas.

Una vez llegado al puerto se te olvida lo que has tenido que sufrir y sigues disfrutando al máximo de cada rincón, de las casa pintadas de color pastel con las ventanas de color verde, del mar, el puerto y los barcos y el ambiente que encuentras allí. Llegados en la Piazza Cristoforo Colombo encuentras, como no, otras escaleras que te llevan primero a la Basilica di Santa Maria Assunta y a pocos metros se encuentra el Castello della Dragonara que data del siglo XI.

Los cañones dirigidos hacia el mar, nos indican que el objetivo del castillo era de defender el pueblo contra los piratas del Mediterráneo. Las vistas que tienes al llegar aquí son tremendas, a mano derecha el castillo, delante la inmensidad del mar y a mano izquierda, Camogli, la playa y las colinas con sus casitas color pastel.

Decidimos seguir nuestro paseo por la Via Giuseppe Garibaldi en busca de una cafetería, bar o restaurante para tómanos unas copas, tienes mucha variedad, así que es cosa de decidirse. Tras entrar en una tienda de lotería a probar suerte, nos sentamos en una cafetería y pedimos nuestras copas siguiendo disfrutando del las vistas del castillo, del mar y de Camogli.


Que puedes comer en Camogli

Allí estaban nuestras bebidas, una jara de cerveza grande para Alex y un spritz para mi, mientras tanto pensábamos pedir algo para picar, pero antes de decidirnos nosotros que pedir, vinó la camarera con un mega plato de picoteo y nos lo dejó encima de la mesa, BINGO, justo lo que necesitábamos, parecía que nos había leído la mente.

Hay muchísimas terrazas con vistas al mar justamente en la orilla del mar, para poder ver atardeceres impresionantes. En la carta se suele encontrar bastantes pescados de todos los tipos y colores y nos hemos dado cuenta que aquí es muy difícil encontrar pizza de italia, pero también es lógico al ser un pueblo pesquero.

Se ve que era costumbre de la casa sacar un plato de picoteo, que hay que reconocer que estaba todo riquísimo. Y lo mejor de todo fue que nos costó todo 11€ o 12€, en el caso de que solo mi copa valía 7€ o 7,50€.

Con las pilas cargadas nos fuimos a dar un paseo por el espigón del puerto. Antes de llegar, te encuentras una cortina de corazones rojos de madera que los enamorados van colgando y la verdad que te alegran un montón la vista. Quien lo haya puesto, ha tenido una idea genial.

Al llegar al espigón , te dan la bienvenida dos colas de ballenas, muy graciosas y al otro extremo, encontramos el faro de Camogli.

Acabado el paseo, toca la vuelta y subir los 1000 escalones, que la fuerza nos acompañe!!! Pues si, poquito a poco subimos las escaleras, eso si con pausas porque mi respiración no daba para más y el corazón por poco se me salía. Que buena condición física tendrán los que viven allí.

Haciendo amistades en Camogli

Legados a casa, Cristina nos pregunta si estamos muy cansados... bueeeeno después de la subida que nos hemos pegado creo que cualquiera estaría cansado. Nos propuso un paseito a un sitio muy chulo, un regalo por su parte para nuestra luna de miel. Así que decidimos salir de nuevo, esta vez en coche, nos llevo con su coche a un lugar muy bonito desde donde se podía ver toda la costa, incluso pudimos ver Genova de noche, se veía precioso. Pero esto no fue todo, aparcó su coche y nos llevo a un bar desde donde pudimos disfrutar estas maravillosas vistas tomando unas ricas copas de vino de la zona. Al llegar allí había poca gente y nos dijo ¨mira que bien porque esto siempre está petado de gente¨ y con toda la razón del mundo, el sitio es idílico, el Bar Dai Muagetti.

Ha sido un momento precioso, en un lugar precioso y conociendo a una persona maravillosa, un placer haber conocido a Cristina y haber podido estar en su casa, en La Casa di Tom. Tom era el dueño de la casa, su mejor amigo, Tom era su perro, por desgracia falleció hace medio año más o menos. Hablando de la decoración de la casa nos impresionó muchísimo, todo relacionado con el mar y toda la decoración hecha por ella misma, es una gran artista. Cada cosa tenía su lugar, cada objeto te producía una sensación de relajación y bienestar, sin duda ha sido el mejor lugar hasta la fecha que nos dejo totalmente impresionados e inspirados.

Más información sobre Camogli este magnífico  lugar de Liguria

Aún recuerdo el despertar de la mañana siguiente cuando abrí los ojos y delante tenía el mar cubierto por una cortina densa de lluvia, las vistas y el sonido eran tremendos. Pero pronto paro la lluvia y las nubes empezaban a desparecer, así que nos despedimos de Camogli con sol.

Camogli, el pequeño pueblo pesquero también es conocido como Città del Mille Bianchi Velieri - La ciudad de los mil veleros blancos.

En italiano su nombre tiene dos significados, el primero es de "casas muy juntas", eso es fácil de apreciar paseando por las estrechas calles del pueblo. y el segundo de "casas de esposas" con referencia a las esposas de los marineros y los pescadores que se quedaban en casa mientras sus maridos navegaban o pescaban.

Ha sido una visita corta, pero intensa.

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